INTRODUCCIÓN
El ejercicio de la memoria suele ser un viaje complejo al interior de cada uno de nosotros. Un viaje a lo profundo de nuestras visiones de mundo, nuestras heridas y nuestras ilusiones.
¿Qué somos sino recuerdos? Decía el diálogo de una película de los años 80. Qué somos, si no nos reconocemos en las cosas que fuimos capaces de hacer y no hacer en un momento determinado. Ese ejercicio contingente, que puede ser doloroso, en definitiva es una parte constitutiva del sentido que le damos a gran parte de nuestra existencia.
En el caso de este libro, se establece un registro de una época reciente de nuestra historia que marcó a toda una generación para bien y para mal. La dictadura militar que inició su larga noche el 11 de septiembre de 1973 nos hizo crecer rápidamente, fue un golpe violento dirigido al centro de nuestros corazones.
La mayoría de los protagonistas de estas crónicas éramos niños de entre 8 y 10 años al momento del golpe, es decir no crecíamos aún, es decir tuvimos que enfrentar parte importante de la maduración de nuestras vidas bajo estado de sitio, con universidades intervenidas con rectores militares y acechadas por el soplonaje y el sesgo académico.
Sin embargo ese puñado de jóvenes chilenos se organizó, levantó su voz exigiendo espacios de libertad tanto en las aulas universitarias como para el país.
La ciudad de La Serena era muy distinta a la que conocemos hoy en día, no existía la serie de edificaciones que hoy conforman la Avenida del mar, ni tampoco existía esa especie de glamour turístico que hoy hace de este lugar una foto permanente en los folletos turísticos.
Era una ciudad que se acostaba temprano y en la que el ruido principal provenía de los estudiantes universitarios, la mayoría venido de otras zonas del país, que deambulaban por sus calles en busca de algo que hacer, algo que producir, algo que crear y una que otra fiesta que compartir en camaradería.
Eran tiempos de incipientes organizaciones, en las que cada cual ponía su empeño para convertirlas en pequeños espacios de democracia, era como vivir en microclimas. Entrar a la Escuela Normal y a los otros campus de la Universidad de La Serena era entrar en otro tiempo. Existían partidos políticos, dirigentes, diarios murales, organizaciones, ollas comunes, actividad cultural y muchas cosas más.
Pese a que se vivía un clima duro, no era precisamente una generación que lo pasara mal, también quedaba espacio para el amor, la fogata y los amigos.
Todo pendía de un hilo, en cualquier momento podía pasar algo. Por lo tanto la única forma de defenderse de ese enemigo que estaba al acecho era la organización, la solidaridad y la mistad más profunda. De eso podemos dar fe hoy pasados más de 20 años y aquí estamos llenos de ganas y de pasión por contribuir a hacer nuestro país un lugar cada vez más habitable para todos.
Este libro es memoria y por lo tanto tiene un sabor dulce a nostalgia. Pero no nos detenemos en eso, no creemos en la nostalgia por la nostalgia. Creemos en la proactividad creativa, deseamos que esto se constituya en un aporte significativo para que el sacrificio de aquellos años no sea en vano. Para que la pérdida de la vida de muchos de nuestros compañeros no sólo quede registrada en los muros de algún memorial. En definitiva para que digamos que estamos vivos, pletóricos de sueños y que somos una generación que entregó lo mejor de su fuerza para lograr un Chile más justo, más solidario, más humano, desafío que para muchos de nosotros está aún pendiente.
Porque además hemos aprendido, con dureza, que la tolerancia y la no exclusión de las ideas es fruto de nuestra lucha. Nadie sobra en este espacio, así lo quisimos en aquellos años y así lo plasmamos hoy en estas letras.
Estas crónicas, las fotos que las ilustran y los recuerdos que vuelven a nuestra memoria constituyen un capital simbólico muy fuerte y un legado que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos deben conocer.
Abrir estas páginas es decir que estamos presentes, que estamos vivos.
La Serena invierno de 2007